miércoles, 10 de noviembre de 2010

Guadalajara 1789-97. Despidos, salario escaso, falta de pan y el contagio de la Revolución Francesa


Enrique Alejandre  Torija  

"En esta ciudad la manufactura real experimentó una inquietud laboral durante mucho tiempo y frecuentes incidentes, que no equivalían todavía a un movimiento de la clase obrera, pero que demuestra que los trabajadores eran capaces de realizar acciones individuales y colectivas para conseguir mejoras salariales, mejores condiciones y procedimientos legítimos."
 
                                                                            J. Lynch. "La España del siglo XVIII"
 
Desde su creación en 1719, la Real Fábrica de Paños de Guadalajara fue escenario de frecuentes conflictos laborales en la que sus trabajadores dieron muestra de gran combatividad. 

En los últimos años del siglo XVIII las demandas laborales confluyeron con agudas crisis de subsistencias y la aparición de propaganda  alusiva al destronamiento de la monarquía en el vecino país de Francia,  causando la alarma en la  corte borbónica que no dudó en enviar tropas a Guadalajara. 

En el año 1789 la ciudad sufre las consecuencias de una mala cosecha que da lugar a la  escasez de pan y  su encarecimiento, lo que obliga a  disponer del grano guardado en los pósitos de la ciudad  y a comprar trigo con   dinero de la Real Fabrica. [1] Tres años antes, la misma situación había  obligado a las autoridades  a tomar  medidas de aprovisionamiento "porque siendo las dos terceras partes de la población,(los obreros de la fabrica)... los mas temibles por su indocilidad... por las consecuencias que podían resultar de su falta de alimento tan indispensable, como porque abandonarían sus labores y quedarían desiertos los despachos y oficinas de tejedores, cardadores, estambreros[2] y demás clases que compone la fabrica"[3] Esta situación  da lugar en el año mencionado a una agitación de los obreros de la fabrica, que colocaron  pasquines contra Miguel Vallejo, director de la misma,[4] que informa así a instancias mas altas sobre el momento que se vive en Guadalajara: "En el día se haya esta ciudad sumamente agitada con motivo de la escasez de pan y precio a que se ha fijado la venta, atendida la carestía de granos y que los ánimos están movidos según lo acredita el pasquín que esta noche se ha fijado contra mi" [5] Lo cierto es que además se había despedido a empleados de la empresa.[6] Parecidos sucesos se repetirían un año mas tarde.  Vallejo pide a Lerena, secretario de  Hacienda, que se les aumente el jornal a los trabajadores:"por no poderse mantener con lo poco que ganan, lo cual ciertamente carece de actualidad, con lo caro de los alimentos  de primera y segunda necesidad"[7]
En 1794 este malestar social provocaría un amotinamiento de mujeres, que en gran numero acudieron  a la casa del alcalde mayor, al que obligaron a vestirse y salir a la plaza  acusándole  de haberse ido a cazar dejando desabastecida la ciudad.  [8]                           

Unos días más tarde vuelven las protestas. Un grupo de vecinos, entre los que se hallan trabajadores de la fábrica, se enfrentan al alcalde al que reprochan la falta de pan, y  este les remite al director  de la fábrica de paños para que se lo proporcione.[9] 

La situación fue adquiriendo características de motín. A las protestas en las calles por la escasez del alimento básico y su encarecimiento, siguió la declaración de  huelga por los trabajadores de la Fábrica; se asaltó a panaderos de Marchamalo  y fue ocupado el posito para impedir la venta de trigo a estos. En la plaza mayor de Guadalajara aparece un pasquín con este texto: 

 "Caballero corregidor, pues eres juez privativo de este pueblo y también eres la justicia mayor, pon gobierno y hoy en día has de surtir la ciudad de pan, sea de Marchamalo o de donde fuera y hazlo si no quieres experimentar lo mismo que el rey de Francia el día pasado haz lo que se te previene o te has de acordar" [10] 

Aunque los Borbones se habían visto obligados a llevar a cabo reformas ante el malestar creciente de amplios sectores sociales producto de  la crisis económica que sacudió a la economía española en los últimos años del siglo XVIII-resultado de la revolución en Francia y de las guerras contra esta e Inglaterra-, de la falta de subsistencias, del alza de los precios subsiguiente  y el miedo a las noticias que llegaban del país vecino, ello no impidió el estallido de nuevas revueltas como en Barcelona y Guadalajara  en las que aparecen en los manifiestos  alusiones  a la revolución en marcha allende los Pirineos.[11] 

Cuando en 1797 los tejedores de sarguetas[12]  fueron a quejarse al director de la fabrica de Guadalajara por la mala calidad de las hilazas[13] que recibían, lo que no les permitía hacer un trabajo adecuado para ganar un salario suficiente, aquél no sólo no escuchó sus peticiones sino que además se les respondió con el envío de un batallón de la guardia.[14]  Durante cuatro días los tejedores "tomaron el partido de suspender sus labores y de estorbar que aquellos individuos pacíficos que querían proseguirlas, lo ejecutasen. Consta que se hicieron fuertes en la Fabrica, resistiendo a salir de ella: que entretanto, una porción de mujeres tumultuadas pedía la cabeza de un maestro: iba a apedrear su casa; y entre ellas se distinguen y nombran dos mujeres de sargueteros. Al otro día de este alboroto prosiguen en la resolución de no trabajar, ni dejar trabajar: se derraman por el pueblo, pidiendo y sacando limosna: en fin las demás fabricas que no tenían ni el mismo interés, ni las mismas pretensiones, dan señales de la misma insubordinación".[15] Aparentemente este hecho no tenia mayor trascendencia que el de una huelga como otras, pero la sorpresa fue mayúscula  cuando el 14 de enero, cuarto día de la huelga, entró en Guadalajara una fuerza militar compuesta por dos escuadrones de caballería y dos batallones de infantería al mando del teniente general Jorge Juan de Guillelmo,[16] ante el miedo de la posible participación de extranjeros en la revuelta. Eran los años de la revolución francesa  y la monarquía, buscaba ante todo,  impedir el contagio revolucionario. Cabarrús[17]  había encontrado una similitud de la huelga de Guadalajara con la revolución francesa al haber "empezado ésta en Paris por la insurrección de los operarios de una fabrica contra el fabricante que los mantenía".[18]En un informe posterior Cabarrús descartó la presencia de agitadores extranjeros y lo achacó al desarraigo de los trabajadores provenientes de otras provincias, que se traducía en una actitud rebelde. La huelga a la que hace referencia Cabarrús son los conflictos de Reveillon, los días 28 y 29 de abril de 1789, que precedieron con alguna antelación al asalto y toma de la Bastilla.[19] El problema se complicó con la falta de pan. El año 1797 es uno de los más castigados por las crisis de subsistencias como lo habían sido 1789 y 1794 e igualmente  lo serán  1798,1803 y 1804. ,  que ocasionaron "una intensa subida de precios en la España Interior"[20]  Bajo el Antiguo Régimen las crisis de subsistencias originadas por la escasez de las cosechas ocasionaban  la especulación y el hambre. El alojamiento del ejército en Guadalajara  fomentaba los desordenes por la inactividad de la tropa la vez que agregaba mas bocas a alimentar precarizando aún mas la situación. En marzo los acusados fueron destinados a trabajos forzados.[21]      

Las ideas y el impacto de la revolución francesa  tuvieron su eco entre las capas populares del Estado Español , desbordando los cinturones de seguridad   que el temor de la monarquía  había interpuesto para impedir su difusión. Aunque aparentemente la sociedad del Antiguo Régimen en España  permanecía inamovible, bajo su superficie  comenzaban a producirse cambios que eran el tanteo para otros de mucha más trascendencia que se producirán en el futuro.     


[1] Villaverde Sastre, M ª. D. "La Real fabrica de paños y la ciudad de Guadalajara". WAD-AL-HAYARA, N. 8, 1981, Pág. 466.
[2] Estambreros: aquellos que fabricaban hilos con las hebras largas obtenidas del vellón de la lana. 
[3] Guadalajara, 27 de junio de 1786. Vallejo a Lerena. A. G. S. Secretaria de Hacienda, 775
[4] González Enciso, A. "Estado e industria en el siglo XVIII: la fábrica de Guadalajara" Fundación Universitaria Española. 1980. Pág.. 271.
[5] Citado por González Enciso, A. en  "Guadalajara, 1751, según las respuestas del Catastro de Ensenada". TABAPRESS. Madrid. 1991. Pág.: 24.
[6] Ibídem
[7] Guadalajara, 1 de junio de 1789 y 4 de febrero de 1790 , Vallejo a Lerena, A. G. S. , Secretaria de Hacienda, 779.1y780.1
[8] Leg. 2257, ext. 7. Consejos, A. H. N.
[9]    "       "   ,   " . ".       "       ,  ".  ".  ".
[10] Villaverde Sastre, M ª. D.  Op. Cit. Pag . 467
[11] Pérez Ledesma, M. "Sociedad y conflicto social" en Enciclopedia de Hª de España, dirigida por Manuel Artola. Alianza Editorial S. A. Madrid. 1988. Tomo I. Págs. 667-668.
[12] Sarguetas: tela de lana o estambre cuyo tejido forma unas líneas diagonales.
[13] Hilaza: hilo basto con que se teje cualquier tela.
[14] González Enciso, A., "Estado e Industria en el siglo XVIII: la fabrica de Guadalajara". Fundación Universitaria Española. 1980. Pág. 467
[15] Guadalajara, 16 de febrero de 1797. Informe del conde de Cabarrús al Príncipe de la Paz sobre lo ocurrido en la fabrica. A. H. N. Consejos, 3027, C.2, Exp. 152.
[16] Guadalajara, 14 de enero de 1797. Pedro Ceballos y Jorge Juan de Guillelmo y Andrada al Príncipe de la Paz. A. H. N. Consejos, 3027, C 2, Exp. 152.
[17] Francisco Cabarrús, conde  de Cabarrús,  (Bayona, 1752-Sevilla, 1810), financiero y político español de origen francés. Director del Banco de San Carlos. Consejero de Estado de Godoy. Defensor de la libertad de comercio. Encarcelado por sus ideas enciclopedistas. desterrado en 1800-1808. secretario de hacienda con José I
[18] Guadalajara, 16 de febrero de 1797. Informe del conde de Cabarrús al Príncipe de la Paz sobre lo ocurrido en la fabrica. A. H. N. Consejos, 3027, C 2, Exp. 152.
[19] Kropotkin. Piotr, "Historia de la Revolución Francesa"  , Vergara. Barcelona. 2005. Pág.: 60
[20] Anes, Gonzalo: "Las crisis agrarias en la España moderna", Madrid. Taurus. 1970. Pág. 432.
[21] González Enciso, A. Ops. cit. Pág.: 467.

jueves, 4 de noviembre de 2010

GUADALAJARA, 1719. LOS OBREROS DE LA FÁBRICA DEL REY DECLARAN LA HUELGA

Enrique Alejandre Torija

La dinastía borbónica implantada en España como consecuencia del desenlace de la guerra de Sucesión (1701-1713) puso en práctica una nueva política económica orientada a superar el atraso económico del país y a recuperar el mercado externo e interno, inundado este de enormes cantidades de productos manufacturados en Francia, Holanda, Inglaterra..., que conllevaba la salida del país de grandes sumas de dinero, en detrimento de los fondos de la Real Hacienda.

Para ello optó por la creación de Manufacturas Reales, como la Real Fabrica de Paños de Guadalajara, instalada en esta ciudad por su cercania a Madrid, residencia de la corte real y la alta nobleza, principales consumidores de paños finos; por la existencia de leña, agua abundante y materias primas necesarias (la lana entre ellas) para la producción, fáciles de encontrar en sus proximidades. Situada junto al camino real que enlazaba Madrid con Aragón y Cataluña se facilitaba la comercialización de sus productos y fue decisivo el deseo de Felipe V de premiar la fidelidad política que la ciudad le había demostrado en la guerra de Sucesión,[1] de la que había salido muy malparada. La fabrica se ubicó en el palacio de los marqueses de Montes Claros, el mismo que en 1833, una vez cerrada la fabrica, albergaría la Academia de Ingenieros.

Una de las consecuencias de la crisis pañera en Castilla durante el siglo precedente fue la perdida de mano de obra cualificada. Si las nuevas empresas querían desbancar a sus competidores extranjeros, era necesario, dado el atraso tecnológico de la industria española, traer especialistas de los países adelantados, que además enseñaran las técnicas a los naturales del país.

Felipe V había encargado al barón Juan Guillermo de Riperdá la instalación de esta fabrica. La elección no fue por azar, pues su origen holandés facilitó la contratación de trabajadores de esta nacionalidad. La crisis textil en la ciudad holandesa de Leiden influyo en que fuera aquí donde se contrataran a los primeros expertos holandeses.[2]

A finales de 1717 llegan al puerto de Santander 50 tejedores con 50 telares, encabezados por Guillermo Turíng, fabricante de Ámsterdam, nombrado director de los trabajadores holandeses por el embajador español. Viajan hasta Aceca (Toledo) donde en su castillo comienzan la producción. Pero una epidemia de fiebres tercianas se lleva la vida de Turíng, y la de otros holandeses, por las malas condiciones higiénicas . Esto, unido a las dificultades para el aprovisionamiento de géneros necesarios para la producción, el rigor del clima, etc, hizo que se trasladara la fabrica a Guadalajara por consejo de Riperdá.

Juan Guillermo de Riperdá se había hecho cargo de la dirección de la fábrica en 1718, pero a la llegada de los holandeses a Guadalajara en enero de 1719, el que había sido principal artífice de su traída ya no se hallaba al frente de la misma. Desde entonces, por un breve periodo cada uno, tres directores inoperantes habían ocupado la dirección de la factoría con menoscabo de su funcionamiento. La Real Hacienda nombra director a José Aguado Correa para frenar la desorganización de la misma.

Aguado actúa con efectividad, tratando de hacer rentable la empresa. Para ello reduce gastos innecesarios y los salarios establecidos en los contratos que se habían pactado en Holanda. Una de las cláusulas del “convenio” establecido entre Riperdá y los holandeses decía que una vez llegados los mismos “al lugar destinado para fábrica-sin especificar una ciudad o pueblo determinado- llevaran por día los tundidores treinta placas, quitados los domingos y días de fiesta, pero cuando empezaran a trabajar ganaran cuatro placas por hora, según la ordenanza de Leyden...”. Para los tejedores el pago se establecía proporcionalmente a la cantidad de varas tejidas, “y mientras no trabajasen llevarían veinte placas[3] por día”,[4] por lo que cabe deducir que el cuantioso gasto que debió suponer el traslado de Holanda a España, el abono de los días no trabajados empleados en la marcha de Aceca a Guadalajara por los tejedores y las jornadas pérdidas por la propia desorganización de la fábrica que impedía proporcionarles trabajo permanente, motivasen la rebaja salarial. A lo anterior se une el maltrato que reciben los holandeses, lo que desata la revuelta: “pocos días después se alborotaron de tal suerte los ánimos de estos operarios ...que se podía temer algún atropello[5], según relata el conde de Medina, corregidor de Guadalajara. Este solicitó el auxilio de una guardia de infantería para mantener el orden. Tras dos semanas de agitación parece volver la calma cuando los trabajadores perciben su paga como habían convenido con Aguado, pero los ánimos vuelven a encresparse cuando una semana después comprueban que este persiste en la rebaja de los salarios. Es entonces cuando deciden abandonar todos el trabajo y enviar una representación al rey Felipe V pidiendo la destitución de Aguado, además del respeto a sus contratos, como informa Medina: “...llegó a tal estado la desazón de los operarios que dejaron todos de una vez el trabajo, y hicieron su representación al rey para que su majestad se dignase mandar que se les mantuviesen en el todo de sus capitulaciones, y que no se alterase en modo alguno el modo de sus obrajes[6]. En un informe posterior de Aguado sobre los hechos dice: que a su llegada cesaron en el trabajo los mas obreros y ha reconocido en ellos tres partidos. Uno indiferente hacia Aguado que deja de trabajar a persuasión de otro partido que los amenaza y un tercero que trabaja sin novedad aunque es el partido mayor”[7] El gobierno envió un comisionado –Gaspar de Zorrilla, alcalde de la corte- para hacer averiguaciones, y durante el tiempo que duraron estas los holandeses mantuvieron el paro hasta que fue relevado Aguado, que fue sustituido por Riperdá. La determinación de los huelguistas fue tal, que ni la mediación de un sacerdote enviado por Aguado les hizo variar su postura: Que tuvo por conveniente que el Padre Toledo les amonestase[8] estaban perdonados de sus pecados y desaciertos y que solo es a la comisión de Aguado el que en adelante procurasen atender a su obligación, a lo cual respondieron al padre Toledo que estaban juramentados de no trabajar si volviese allí Aguado...”[9] Tras ser repuesto Riperdá sus compatriotas finalizaron inmediatamente la huelga intermitente (que se prolongó durante más de treinta días en varios periodos ) que mantuvieron durante diez meses.

Aguado había estado rodeado de otros administradores más atentos a su particular beneficio –que obtenían de la empresa-, que a la buena marcha de esta, por lo que no veían con buenos ojos la reorganización que Aguado pretendía, por cuanto perjudicaba sus intereses. La facción de Riperdá, dispuesta a recuperar la dirección de la fábrica, aprovechando la dureza de Aguado con los trabajadores, se apoyó en estos, alentándoles en su postura hasta conseguir la salida de Aguado.

La actuación de Aguado resultó ser el detonante de la situación de malestar que existía entre los trabajadores holandeses ante la “recepción” que les había dispensado la administración española. Las buenas relaciones de Riperdá con sus compatriotas hizo que estos aceptaran volver al trabajo, con la rebaja salarial impuesta por Aguado.[10] No obstante, la mayoría prefirió volver a Holanda: Dicen que por repetidas memorias les han pedido a S. M. justicia sobre los malos tratamientos que han recibido, y sobre que sean tratados según la Convención que con ellos se estipuló en Holanda, en el real nombre de S. M.. Que continuándose después sucesivamente sus desdichas, se vieron precisados a pedir a S. M. su pasaporte para poder volverse a la patria...[11]

La huelga de los especialistas holandeses de la Real Fábrica de Guadalajara en 1719 inauguraba la serie de conflictos laborales que, hasta su cierre en 1822, acompaño la vida de esta empresa. No fueron los únicos. Durante el siglo XVIII en la fabrica de algodón de Ávila, en la de paños de Béjar, en los astilleros de El Ferrol..., los trabajadores protagonizaron otros paros y protestas cuando sus condiciones de trabajo se vieron afectadas. Estas luchas eran el presagio del surgimiento de un nuevo movimiento, el de los trabajadores, que desde el siglo XIX a nuestros días protagoniza la disputa continua contra aquellos que detentan los medios de producción, por el reparto de los frutos de su trabajo.



[1] García Ballesteros, A., “La Real Fabrica de paños de Guadalajara en el siglo XVIII” en ESTUDIOS GEOGRAFICOS. Febrero-Marzo 1975. CSIC Instituto Juan Sebastián Elcano XXXVI, 138-139 MADRID. Págs. 374,375,376 y 377.

[2] Tascon, J. y López Martín , I. en “Los holandeses y la empresa publica. Huelga en la fabrica del rey. 1719-1720” en Actas del III Congreso Astur-Gallego de Sociología. Expectativas de la Sociedad del Bienestar. Oviedo. 1996, Vol. I. Pág. 103.

[3] Placa: moneda holandesa de la época.

[4] LARRUGA Y BONETA, E. Ops cit Tomo XIV, Memoria LXXIII, Págs.: 134 y 135

[5] Archivo General de Simancas, Hacienda-Secretaria, leg. 759, citado por Callahan W. J. en “Conflictos laborales en el siglo XVIII”, en Boletín del Seminario de Derecho Político, n.º 32, Salamanca, 1964, Pág.:73

[6] A. G. S, ibídem , citado por Callahan W. J., en ops.cit.

[7] Archivo Histórico Nacional, Estado, 755.

[8] Advirtiese

[9] A. H. N. Estado, leg. 755.

[10] Callahan, W.J., ops. cit.

[11] A. H. N. , Estado, 755

lunes, 1 de noviembre de 2010

Notas autobiográficas de Marcelino Camacho

Con motivo del fallecimiento de Marcelino Camacho vamos a hacer una excepción en este blog al poner una entrada de tematica nacional para recordar al gran sindicalista del siglo XX. Se trata de unas notas autobiográficas que el mismo escribió.

Gracias por todo Marcelino.

Notas autobiográficas

Marcelino Camacho Abad de profesión fresador, casado y con dos hijos, nace el 21 de enero de 1918 en Osma la Rasa (Soria) en una familia de ferroviarios. Su padre es guarda-agujas y su madre guarda-barrera.

Cursa estudios primarios con el sacerdote Feliciano Oliva Bocos, entonces maestreo en el pueblo, y que desea que Marcelino ingrese en el seminario de Burgo de Osma. Y, como todos lo que entonces eran alumnos, es monaguillo mientras va a la escuela. Su padre, que es respetuoso para la religión, viejo militante de la UGT (Sindicato Nacional Ferroviario), y el propio interesado, deciden responder amistosa pero negativamente al deseo del sacerdote.

Terminada la enseñanza primaria, hace el aprendizaje para ingresar en los ferrocarriles, como su padre y como su abuelo. En esta situación le sorprende el 18 de Julio de 1936.

Único hijo varón de una familia de cuatro hermanos, todos de la primera esposa de su padre, a los 9 años ve morir a su madre y a su hermana Nati seguidamente. Después estando encarcelado en la Prisión de Comendadoras de Madrid, en 1941 conocería la muerte de su hermana mayor, Josefa, y posteriormente, en 1969, el fallecimiento de su padre le sorprendería nuevamente preso en la cárcel de Carabanchel.

En enero de 1935 ingresó en el Sindicato de Oficios Varios (UGT) de Osma la Rasa, que en unión de otros reorganizó. Militó en UGT hasta mediados de la década de 1950.

Al comenzar nuestra guerra civil, tuvo que huir al monte, en unión de su padre y otros ferroviarios, para salvar su vida. Un mes más tarde, aproximadamente, pasaría de estos lugares -ya zona nacional- a la zona republicana. Llegado a Madrid en agosto de 1936, ingresa voluntario en la Escuela Central de Transmisiones del Ejército y partió voluntario para el frente republicano en septiembre de 1936. Denunciado por uno que conocía su evasión en el 36 a la zona republicana, fue detenido y juzgado en juicio sumarísimo de urgencia y condenado a 12 años y un día que, revisado inmediatamente después, pasó a ser una condena en firme de seis años y un día. El delito era "auxilio a la rebelión" y los motivos, ser miembro de la UGT y voluntario en el Ejército Republicano, en Transmisiones. Le trasladaron al Campo de Concentración de Reus (Tarragona) donde se formaban los batallones disciplinarios de penados para los Campos de Trabajado. Pocos días después era trasladado desde Reus a Lezo (Rentería Guipúzcoa), destinado al 94 Batallón Disciplinario de Trabajadores Penados. Allí estaban haciendo la pista que une el Fuerte de Guadalupe con Lezo. Enfermó y tuvo que ser trasladado al Hospital Militar Disciplinario de Zumaya. Sufrió una grave infección intestinal que le tuvo 42 días en cama con fiebre muy alta.

Vuelto al Campo de Trabajo, fue traslado y conducido al 93 Batallón Disciplinario de Trabajadores Penados que estaba en Peñaranda de Bracamonte (Salamanca) Más tarde le trasladaron a Toledo, luego al Hospital Militar de Carabanchel con unas fiebres de malta que casi le cuestan la vida, y desde allí le llevan a Tánger al campo de Concentración de Cuesta Colorada, donde contrae las fiebres.

En diciembre de 1943, se evade del Campo de Trabajo de Cuesta Colorada en busca de su libertad y pasa primero al entonces Marruecos francés, desde donde casi inmediatamente es enviado a Orán (Argelia). Allí, las entonces autoridades francesas y aliadas le dan asilo político. Pocos días después, en enero de 1944, empieza a trabajar como fresador en Talleres Arvidel, que trabajan para la marina de guerra aliada y están militarizados.

Conoce a una familia de españoles que emigraron de Almería (Fondón) en 1932, mineros que van huyendo de la silicosis y de la miseria, y de esta familia, después con nacionalidad francesa, saldría la que será su esposa, y compañera Josefa Samper Rosas. Contraen matrimonio el 22 de diciembre de 1948 en Orán, donde nace su hija Yenia el 9 de octubre de 1949, y su hijo Marcel, el 26 de mayo de 1952. Por haber nacido en lo que entonces era un departamento francés y ahora la Nación argelina podrían haber elegido cualquiera de las tras nacionalidades: francesa, argelina o española. Sin embargo fueron y no son españoles.

Hechas las gestiones oportunas en el Consulado de España en Orán, le informan que su evasión ha sido indultada y que puede regresar a España.

Decide quedarse con su familia en Madrid, le hacen unas pruebas y empieza a trabajar como oficial de primera fresador el 23 de septiembre de 1957 en Perkins Hispania de Madrid, ahora Motor Ibérica S.A donde alcanzó la categoría de ayudante de ingeniero, categoría que ostentaba en el momento de su detención el 19 de marzo de 1967.

La empresa tiene entonces una veintena escasa de obreros en talleres. Por casi unanimidad es elegido entre los primeros enlaces sindicales a finales de 1957, y después reelegido constantemente vocal del primero y sucesivos jurados de empresa. Fue destituido por el sindicato oficial en 1966 por haber sido procesado por el Juzgado de Orden Público y detenido el 28 de junio de 1966 cuando con Maeztu, Hernando y Víctor Martínez Conde iban a entregar al Ministerio de Trabajo pliegos con las reivindicaciones de los trabajadores madrileños y 30.000 firmas de éstos, es encarcelado en la Prisión de Carabanchel y procesado por el sumario 178/66, Juzgado de Orden Público. Fue puesto en libertad provisional trece días más tarde, y se le acusaba de asociación y manifestación ilícitas, todo de Comisiones Obreras.

Los trabajadores de Perkins le vuelven a presentar a las elecciones sindicales del verano otoño de 1966. Marcelino Camacho Abad ha sido votado por un 88% de su grupo profesional y por más del 92% aproximadamente del total de los 1200 trabajadores que entonces comprende la plantilla. A pesar de esta prueba unánime de confianza, el Sindicato Vertical Oficial invalida su elección. También por aquellas fechas le eligen por amplía mayoría presidente del grupo de empresa de Educación y Descanso. El nuevo jurado acuerda transmitir por unanimidad a Marcelino Camacho su "saludo y agradecimiento por la eficaz labor desarrollada de resolver las tensiones y conflictos, presentándolo como ejemplo a todos"

Esto sucedió a pesar de las tensiones naturales, una de las cuales fue presenciada por el entonces Presidente del Consejo de Administración Don Joaquín Ruiz Jiménez Cortés. En los talleres llevaban varias semanas de rendimiento mínimo y en huelga de horas extraordinarias al comienzo de los años 60. Los trabajadores exigían aumento de la prima y aseguraban que la producción había aumentado. El gerente entonces, don Jaime Suárez, se oponía a tal aumento de prima y publicó una nota amenazando entregar a la policía a algunos trabajadores. Entonces se convocó una reunión extraordinaria del jurado de empresa que presidió el Sr. Ruiz Jiménez. El Sr.Suárez comenzó amenazando a penas veladamente con detener a Marcelino Camacho mientras rechazaba los argumentos de éste que intervino en nombre de todos los trabajadores y del jurado. Fue entonces cuando Don Joaquín Ruiz Jiménez indicó que si era verdad lo que decían los trabajadores a través de Camacho de que habría aumentando la producción y la productividad, había que acceder a sus peticiones, que él en su cátedra defendía la justicia social y no podía decir una cosa allí y hacer otras cosa aquí. Días después se llegaba a un acuerdo aumentando la prima; pocos meses después el Sr. Ruiz Jiménez tuvo que abandonar la presidencia y consejo de administración de Perkins.

Nuevamente es detenido el 28 de enero de 1967. Se le acusa de ser organizador de Comisiones Obreras y con ellas uno de los responsables de las multitudinarias manifestaciones obreras del metal, el día anterior. Más de 60.000 metalúrgicos en huelga consiguen la libertad de los detenidos y entre ellos la de él. Seis días más tarde sin proceso ni fianza por el Juez Sr. Garralda.

Entre 1965 y 1967, es convocado por la policía política-social de Madrid más de una docena de veces, siempre para prestar declaración sobre cuestiones laboral-sindicales. También recibe anónimos con amenazas de muerte en este período.

En 1964 es elegido miembro de la Comisión Obrera provincial del metal (Primera Comisión Obrera de Madrid, que con carácter permanente empezaría a funcionar bajo el nombre de Comisión Provincial de Enlaces y Jurados. Estaban reunidos más de 600 enlaces y jurados en el Salón de Juntas y en los pasillos, además de varios millares de metalúrgicos en la Avenida de José Antonio. Primero se les deja un local para reunirse todos los miércoles; después se les provoca y echa. El Círculo Manuel Mateu (Falangista de los llamados de izquierda) los invita a ir a sus locales. Allí conoce a su Vicepresidente Diego Márquez, allí firma el manifiesto de los "cien" titulado"Ante el futuro del sindicalismo", y allí crecen y se extienden las Comisiones Obreras hasta que nuevas provocaciones les echan del local. Con Diego Márquez, presidente del Círculo Doctrinal José Antonio, además de vicepresidente del Círculo Manuel Mateo hasta entonces, van y se reúnen en los locales de este Círculo hasta que nuevas presiones gubernamentales y policiales lo impiden. Así irán recorriendo iglesias y locales sindicales, siempre perseguidos.

Todos los procesos se hacen bajo la acusación de actividades laboral-sindical o derivadas, pertenecer a Comisiones Obreras, manifestación y asociación ilegales. Otro nuevo proceso, el 198/68, esta vez hecho por el propio tribunal que le juzgaba, el de Orden Público, bajo la inculpación de desacato, en realidad por no dejarle defenderse y contestar a las preguntas de sus abogados. El Presidente del TOP le señaló que le expulsaba de la Sala, y Camacho le contestó, antes de conducirle los guardias a las celdas: "Dada la actitud del TOP, me veré obligado a denunciarle como un tribunal de excepción al servicio de una dictadura que se hunde. Vivan las Comisiones Obreras. Viva la libertad". En el sumario que se le abrió por "desacato", el TOP le condenó a cinco años de prisión.

Condenado por un sumario, cuando cumplía la condena de uno, se le retiraba la libertad provisional de otro, hasta que le condenaron por todos. Así permaneció en la cárcel desde el 1º de marzo de 1967 hasta el 10 de marzo de 1972, para volver nuevamente el 24 de Junio de 1972.

Por presiones oficiales, la empresa, que había pagado sus seguros sociales y le había mantenido en plantilla incluso durante el tiempo de prisión, le da la baja unos meses antes de salir de la cárcel en diciembre del 71, con lo que ha permanecido formando parte del personal de la División Perkins de Motor Ibérica S.A. durante más de 14 años. La Delegación Provincial del Ministerio de Trabajo pone una multa de 300.000 pesetas a la empresa, amenazándola con doblarla constantemente hasta que le echaran, cerrando la fábrica si fuera preciso.

Es despedido de la empresa y declarado "procedente el despido" por la Magistratura 9 y por el Tribunal Central de Trabajo. Las razones que se dan es "que no recurrió dentro de plazo" cuando todos sabían que nunca se le notificó el despido ni de palabra ni por escrito.

Los trabajadores, al salir de la prisión y conocer que no le admitían al trabajo, se declararon en huelga y protestaron como tantas veces habían hecho durante su permanencia en la cárcel.

Negado el seguro de desempleo y de enfermedad por los órganos gubernamentales, sindicato vertical oficial, Servicio de Desempleo y Delegación Provincial de Trabajo, a pesar de sufrir trastornos cardiovasculares, negado también el trabajo en cuantas empresas visitaba, se estableció un verdadero cerco. Con permanente acoso policial, como han podido comprobar cuantos periodistas nacionales y extranjeros lo visitaron a su salida de la cárcel. Sólo tres meses y medio estuvo en libertad, volviendo a ser detenido el 24 de junio de 1972. Con él fueron detenidos igualmente Saborido, Soto, Sartorius, Acosta, Santisteban, Zamora, Fernández Costilla, Muñiz Zapico y el conocido sacerdote obrero García Salve. Multado por la Dirección General de Seguridad con 250.000 pesetas el 27 era ingresado en la cárcel de Carabanchel. Un día más tarde fue llevado ante el Juzgado de Orden Público que le procesó junto a los nueve citados compañeros en el sumario 1001/72, todos ellos sin ninguna prueba y partiendo para su acusación de la información policial de una supuesta reunión de Comisiones Obreras.

El agravante está en que si en el Sumario 178/66 por asociación ilícita a Comisiones Obreras le pidieron y condenaron a cuatro meses de cárcel, ahora por la misma acusación el fiscal solicita veinte años y un día de prisión en calificación del 20 de octubre de 1972, que si los rumores son ciertos, fue decidido en Consejo de Ministros del 13 del mismo mes.

Condenado la última vez por el TOP (juzgado en el Sumario 1001 el día que mataron a Carrero el 20 de diciembre del 73) a veinte años de prisión, revisada la sentencia, bajo la presión mundial, por el Tribunal Supremo en febrero de 1975, fue rebajada la condena a seis años.

Salió en libertad con el indulto del rey, pero fue detenido más tarde, estando otros tantos detenido. Vuelto a detener el 29 de marzo de 1976 al presentar Coordinación Democrática, procesado por "Intento de cambiar la forma de Gobierno", salió en libertad provisional el 25 de mayo de 1976. Después sólo fue detenido una hora por la Guardia Civil de Getafe, al reunirse con los trabajadores de Construcciones Aeronáuticas.

En 1976 se legalizan las Comisiones Obreras y Marcelino Camacho es elegido secretario general. En ese momento ya era miembro del Comité Central del Partido Comunista de España (PCE). Fue elegido diputado por Madrid en las elecciones constituyentes de 1977 y reelegido en las elecciones de 1979. Dimitió como diputado por desacuerdo con las normas laborales que aprobó el Parlamento con el apoyo del PCE de Carrillo.

Dirigió CCOO hasta 1987, siendo reelegido por abrumadora mayoría en los cuatro primeros congreso del sindicato. En este periodo Comisiones Obreras se convirtió en la primera central sindical española y le convocó la primera huelga general al gobierno de Felipe González en 1985. Además, tuvo una destacada presencia en las movilizaciones contra la OTAN de 1986 y en las estudiantiles del curso 86/87. En 1987 pasó a ocupar el cargo honorífico de Presidente, al ser sustituido en el cargo de secretario general por Antonio Gutiérrez. Desde antes del 5º Congreso (1991) mantuvo enfrentamientos con la dirección encabezada por Gutiérrez (favorable al pacto social o a la disolución del PCE en Izquierda Unida), lo que culminó con su dimisión como Presidente en 1995 al estar en desacuerdo por el alejamiento de la dirección de CCOO del PCE y su continuo giro a la derecha.

En la actualidad, Marcelino Camacho militaba en el Partido Comunista de España (PCE), Izquierda Unida (IU) y en Comisiones Obreras (CCOO), conservando el carnet con el número 1.