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viernes, 10 de diciembre de 2010

Apuntes históricos sobre la guerrilla en Guadalajara

José Angel Morales de la Llana

En la provincia de Guadalajara el grupo guerrillero que tuvo más presencia fue la AGLA (Agrupación Guerrillera Levante-Aragón), que tenía su centro de operaciones en la cercana Serranía de Cuenca, y actuó, en nuestra provincia, en la comarca del Alto Tajo. De entre estos guerrilleros, habría que destacar a “Amador”, vecino de Armallones y a “El Pena”, de El Recuenco.
 
La organización de la guerrilla en España fue cosa del PCE, lo que no impidió la participación de socialistas, republicanos y anarquistas.

La guerrilla en España surgió en un contexto de represión brutal al acabar la guerra civil. Es la represión la que da origen a los “huidos”, individuos perseguidos por su militancia o por haber combatido del lado del gobierno democráticamente elegido. Estos huidos forman pequeños grupos que, al principio, no tienen más afán que sobrevivir. Así sucede con “Amador”, que sobrevivía sólo en el monte hasta que tomó contacto con la AGLA. 

La guerrilla pretendió ser un instrumento de hostigamiento contra el franquismo, albergando la esperanza de, o bien una insurrección popular generalizada, o bien de vincular el conflicto europeo con el español para librar a España de la dictadura franquista. El primer problema que enfrentó fue el de la pura supervivencia y, pronto, su consolidación, para pasar a la ofensiva.

En 1944 varios miles de guerrilleros españoles que habían combatido en Francia intentan entrar en Espña por el Valle de Arán, intentando vincular la guerra en España con la Segunda Guerra Mundial, en la que ya estaban perdiendo los nazi-fascistas; la derrota del fascismo europeo expulsaría al fascismo de España. La estrategia de vincular la el conflicto español al europeo era la que defendían, ya al final de la guerra civil, el PCE y Negrín. El intento de invasión fracasó pero sí se infiltraron muchos guerrilleros.

El periodo más activo de la guerrilla transcurrió entre 1944 y 1948, año en el que las sucesivas caídas de guerrilleros y de sus enlaces hacen inviable una lucha más allá de la mera supervivencia. Aun así, quedan grupos de guerrilleros mucho tiempo después, aunque no en la provincia de Guadalajara.

Para la supervivencia de los grupos guerrilleros era una cuestión central el abastecimiento, que dependía de redes de afinidad política y familiar. El aparato del estado se dio cuenta de ello e intensificó la represión en esta parcela. Así, por ejemplo, “El Pena” vendía sus productos a la guerrilla y les daba cobijo hasta que la presión sobre el le hizo echarse al monte. 

Para el caso de Guadalajara van aumentando las acciones de relativo éxito de la guerrilla como el sabotaje de la luz eléctrica en las fiestas de Villanueva de Alcorón en 1946, o el secuestro de un miembro de la familia concesionaria de las resinas en Villanueva, con cobro de un rescate en Febrero de 1947 en la carretera de Villanueva a Armallones. 

Pero los éxitos de la guerrilla supondrían más represión y más control, y una escalada de violencia difícilmente podrían vencer. El 17 junio de 1947 las fuerzas represoras realizan registros en Villanueva y Armallones y asesinan a un hombre en éste último pueblo, y de las palizas morirían dos más, uno al día siguiente y otro dos meses después. Al día siguiente se repiten los registros en Ocentejo y dos muchachos son asesinados.

El 16 de septiembre de 1948 había feria en Priego y una partida de guerrilleros cortó el puente del Martinete (frontera Cuenca-Guadalajara). Allí robaron lo que necesitaban y asesinaron a un Teniente de la Guardia Civil y otro guardia y a dos inspectores de la Fiscalía de Tasas (se trataba de vincular la lucha guerrillera con el descontento rural por las requisas de grano). En respuesta, la dotación de guardias civiles en la zona se multiplicó por cuatro y el día 16 de Octubre de 1948 moría “El Pena” con otros guerrilleros en un combate con la Guardia Civil. La guerrilla en Guadalajara quedó disuelta. El otro guerrillero de Guadalajara, Amador, vivió para recuperar la democracia, tras varios pasos por prisión.

La guerrilla supuso un esfuerzo enorme de muchos de militantes conscientes y de sus familias, pero su destino no lo podía cambiar ellos, sino las relaciones internacionales, y no lo hicieron ni con la decisión de la No Intervención de Francia y Reino Unido primero, durante la Guerra Civil, ni con el inicio de la Guerra Fría al final de la Segunda Guerra Mundial.

En 1948, la dirección del PCE en Moscú opta por un cambio táctico, de renuncia a la vía armada, optando por infiltrarse en los sindicatos del régimen a través de las CCOO, táctica que sí será un éxito, como demuestra que las CCOO ganaran las elecciones sindicales de 1967 y fueran ilegalizadas. Pero eso ya es otra historia.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Reportaje de El País sobre el libro "La represión franquista en Guadalajara"

Reportaje de El País sobre el libro realizado por el Foro por la Memoria en Guadalajara: "La represión franquista en Guadalajara"

"A mi padre lo fusilaron el 20 de junio de 1939 y después le pusieron una multa de 14.000 pesetas [84 euros] por responsabilidades políticas. Como no las teníamos, nos embargaron. Vinieron a casa y se lo llevaron todo. Con la colcha de novia de mi madre hicieron un palio para el cura; rasgaron los colchones por si teníamos dinero. Nos dejaron en la calle. Yo tenía nueve años, pero no se me olvidará en la vida", cuenta Emilia Cañadas, que ahora suma 82. La de su padre, Antonio, alcalde de Guadalajara al inicio de la Guerra Civil, es solo una de las terribles historias recogidas en La represión franquista en Guadalajara (Ediciones Silente). Sus autores, Pedro y Xulio García Bilbao y Carlos Paramio Roca, querían rellenar un hueco en el mapa de la represión en el que Guadalajara aparecía como zona gris, sin datos. El resultado es un abrumador volumen de 635 páginas, de las que 490 corresponden al listado de 6.230 represaliados (fusilados, encarcelados, expoliados, perseguidos) allí por el franquismo.

El libro no olvida los desmanes de los "elementos de izquierda" en los primeros días de la sublevación militar, como el asesinato del comandante Rafael Ortiz de Zárate, el primer oficial fusilado por los milicianos. También cuenta, entre otras, la historia de Vicente Relaño, secretario general del PCE en Guadalajara, quien denunció y expulsó del partido a los responsables de una checa, salvó a ocho personas de derechas y fue asesinado en 1943 pese a los avales que todos ellos habían redactado en su favor. O la de Francisco Gómez García, presidente de la Casa del Pueblo, que sustituyó al presidente de UGT asesinado por falangistas el 13 de julio de 1936: salvó al alcalde derechista Gerardo Sánchez de las milicias del POUM, y pese a ello también fue fusilado en 1941.

El volumen recoge testimonios estremecedores -"vi a una amiga mía que tendría entonces 16 o 17 años llevando uno de sus pies en la mano y andando a la pata coja. Se había quitado la blusa para taparse el muñón del pie"- y cifras que hablan por sí solas: 822 ejecutados entre 1939 y 1944, la mayoría entre los 25 y 33 años y campesinos (66,67%).

Son las historias de las víctimas republicanas en la provincia, cuyo relato y recuento no se había hecho hasta ahora, a diferencia de las franquistas, que ya en 1944 aparecían en el estudio Víctimas asesinadas en la provincia de Guadalajara durante la dominación roja.