Mostrando entradas con la etiqueta Crisis de Subsistencias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Crisis de Subsistencias. Mostrar todas las entradas

miércoles, 5 de enero de 2011

INTRAMUROS


                                    
                                                                                               
                                                                                                    Enrique  Alejandre Torija

            “Hoy se ve, que no habiendo la mitad de gente que solía, hay doblados religiosos, clérigos, y estudiantes; por que ya no hallan otro modo de vivir, ni de poder sustentarse. La razón fundamental es, porque hasta pocos años ha el cuerpo  y nervio, eran los oficiales,. como se fabricaba tanto para España y toda Europa, y las Indias, un oficial, o labrador, casaba su hija con un pobre mozo, como tuviese oficio, con que  ganaba tan de ordinario una comida, que parecía renta: de donde emanó el proverbio del siglo dorado nuestro quien ha oficio, ha beneficio, porque había tanto, en que ganar de comer, que era renta perpetua como beneficio eclesiástico. Y viendo que ya no hay donde ganar un real, no quieren enlodar sus hijas, ni hijos, sino que estudien, y que sean monjas, clérigos, y religiosos; porque el oficio ya ha venido a ser maleficio, y de oprobio para el que lo tiene pues no le sustenta”
                                                                                       Representación de la Universidad de  Toledo al rey Felipe III[1]

           En el siglo XVII una terrible crisis económica sacudía los reinos hispánicos, afectando especialmente a Castilla, cuya población se veía reducida en proporciones   drásticas. De entre las causas que ahora llevaban a la ruina a la que hasta ayer había sido la principal potencia manufacturera de Europa, como eran las guerras de Flandes, la  llegada de los metales preciosos de las Indias, la desconsideración hacia el trabajo manual, el lujo cortesano, la entrada en el país de mercancías extranjeras, la expulsión de los moriscos...., no era la menor el excesivo número de religiosos que existía en el reino viviendo a expensas de las rentas de la Iglesia. La ausencia de alternativas a la subsistencia llevaba a que muchos “se ponen a frailes como oficio”[2]. En la misma ciudad de Guadalajara, cuya decadencia era acusada en el siglo XVII, existían catorce conventos.[3] Ya en la segunda mitad de la centuria anterior  el número de eclesiásticos se acercaba al millar.[4] Todavía a mediados del siglo XVIII había trece cenobios y cuatrocientos individuos que hacían profesión de vida religiosa, en una población que no superaba los 5.200 habitantes.[5]

        En el siglo XIX, la desamortización de Mendizábal llevaría a la desaparición de muchos claustros e iglesias en las ciudades españolas, iniciándose así su transformación urbana donde los inmuebles religiosos son aprovechados con frecuencia para, tras ser reformados, instalar organismos  oficiales, o abrir nuevos espacios urbanos en caso de su derribo.

         La Iglesia Católica en España conservaba un enorme poder económico y político a principios del siglo XX. Las distintas corrientes del movimiento obrero(anarquistas, republicanos, socialistas) tenían el nexo común del anticlericalismo. Este, que había constituido un elemento propio del ideario de la burguesía en los orígenes del liberalismo, era adoptado ahora por la clase trabajadora que desertaba en masa  de las prácticas religiosas. En 1909, durante la “semana trágica” de Barcelona, la ira popular se  orientó a la quema y destrucción de iglesias y claustros católicos, al igual que ya lo había hecho en revoluciones precedentes. Como aconteció en Guadalajara en 1868, tras el destronamiento de Isabel II y  la proclamación de la Junta Provisional de Gobierno en la ciudad, cuando el 30 de septiembre de 1868 no menos de doscientos personas se concentraron en la Plaza de Carmen, frente al convento de las franciscanas concepcionistas donde se hallaba  Sor Patrocinio, “la monja de las llagas”, con el objeto de asaltarlo. La intrigas de esta monja en la corrompida corte  de Isabel II, sobre la que ejercía gran influencia, fueron causa de esta expresión  de  repulsa del pueblo de Guadalajara  hacia la  reina y su  consejera. Tras el intento de derribar a hachazos las puertas del convento, la crítica situación de las monjas se solventó por la intervención  de algún republicano, que tenía allí a dos  hijas  internadas. Transcurridos  unos días, Sor Patrocinio hubo de huir  por la noche, auxiliada por algunas personalidades de la ciudad.[6]


         En el mes de septiembre de 1911, el Ayuntamiento .de Guadalajara, presidido por el alcalde romanonista Miguel Fluiters decidió derribar la  parte ruinosa  de uno de los conventos existentes en Guadalajara: el de Santa Clara-como igualmente lo había hecho con casas colindantes en muy mal estado-ante el peligro que representaba para el vecindario y las mismas monjas, en el que además existía un cementerio que constituía un permanente foco de infección. Se trataba por otra parte de ensanchar la que entonces era la principal vía ciudadana, la calle Mayor baja, al objeto de facilitar la vida  comercial  y con ella el progreso de una localidad, del que no andaba sobrada. La Federación Obrera de Guadalajara (UGT) apoyó esta medida  con el visto bueno de sus concejales- Fernado Relaño Mayor, José Dombriz Corrales y Luis Martín Lerena-,[7] que de paso ofrecía algunos empleos a la clase trabajadora local, de los que tan necesitada estaba.

         No sin polémicas y resistencias se acometieron por fin las demoliciones. Las monjas demandaron al Gobernador civil y al Juez de primera instancia el procesamiento del alcalde e incluso se llegó a pedir su excomunión.[8] Los elementos mas clericales  llevaron a cabo una tenaz campaña contra esta decisión municipal. Para zanjar el asunto el conde  de Romanones ofreció al Arzobispo de Toledo la compra del edificio a expensas de su propio pecunio, lo que se llevó a cabo por la módica cantidad de 60.000 pesetas. No descuidaba sus intereses Álvaro de Figueroa, pues llevó a efecto un gran negocio al construir un  hotel (Hotel España) en la parte del convento limítrofe con la calle Mayor y vender los solares y materiales del que había sido inmenso inmueble.[9]

          Tras la marcha de la monjas el público pudo acceder libremente al convento. El entonces órgano de prensa de la UGT arriacense, Juventud Obrera, dirigido en aquellos días por el republicano Tomás de la Rica, transmitía estas impresiones sobre lo allí visto:  

            Ya han dejado de llorar algunos demócratas de sacristía con motivo de la marcha de las Monjas de Santa Clara.
             En su fervor místico han llegado  hasta el extremo de llamar canallas y borrachos a los obreros que  sean ocupados en el derribo de este inmundo y ruinoso edificio.
             Para vocabulario grosero el de estos clericales.
             Merecían que los atasen a la argolla que tenían preparada las Monjas, para las madres que se volvían locas.

                                                                       _
            Y a propósito de esa argolla.
            Todas cuantas personas han visitado ese convento, han tenido ocasión de contemplar un cuarto cuya puerta estaba provista de dos fuertes cerrojos y dos cerraduras.
            A la izquierda  de esa puerta había una ventanilla con una mirilla y un hierro con candado para que no se pudiese abrir.
           En ese cuarto y a una altura de treinta centímetros se veía una argolla de hierro adosada a la pared.
            Las Monjas, que antes de abandonar el convento destrozaron el coro y la iglesia para llevarse altares, sepulcros y estatuas de mérito, no tuvieron la precaución de hacer desaparecer del cuarto citado las señales del martirio, cosa de que ahora se ha cuidado alguien pues ya no está la argolla ni el ventanillo de la mirilla.
           No ha quedado mas que la puerta con las dos cerraduras.
          Dicen que ese cuarto estuvo destinado a una Monja que se volvió loca.
          ¿Pero es que además de tantos cerrojos y cerraduras, había necesidad de amarrar en blanco a aquella desgraciada enferma?
           ¡Pero vaya unos sistemas de curación que se usan en los conventos![10]


[1]  Nota en Rodríguez Campomanes., Pedro: “Discurso sobre la educación popular de los cortesanos y su fomento”. Madrid. Imprenta de D. Antonio de Sancha. 1775. Pág.: 416
[2] Manrique, Fr. Ángel , “Socorro que el estado Eclesiástico de España parece podría hacer al Rey N. S. en el aprieto de la hacienda en que se haya, con menor mengua de su inmunidad, y autoridad, y provecho mayor suyo, y del Reino”. Salamanca. Imp. De A. Ramírez, 1624, cap. VII, 7
[3] Herrera Casado, Antonio, “H ª de Guadalajara”, Guadalajara. 1992. El Decano. Pág.: 147
[4]                       ,            ,  “”                       “,                  .       .               .        :174
[5] A .G. S. , Dirección General de Rentas, 1ª remesa, libro 306, folio 97.
[6] Cordavias. Luis, “Memorias de un periodista alcarreño”, publicadas en NUEVA  ALCARRIA en los años 1945 y 1946.
[7] AMGU. Acta del Pleno del Ayuntamiento de Guadalajara, 13-9-1911
[8] FLORES Y ABEJAS, 24-9-1911
[9] Diges Antón, J., “Resumen histórico del convento de las monjas Clarisas de Guadalajara”. Guadalajara. 1917.
[10] Reproducido en EL MOTIN, 19-9-1912. Hemeroteca Nacional

lunes, 29 de noviembre de 2010

MISERIA Y PATERNALISMO EN LAS MINAS DE HIENDELAENCINA


Luchas reivindicativas y dificultades para la organización sindical de los trabajadores de Hiendelaencina (Guadalajara) 1844-1915.

                                                                                                   Enrique Alejandre Torija


       Al constituirse el 8 de agosto de 1844 la Sociedad Santa Cecilia se iniciaba el aprovechamiento de los yacimientos de plata de Hiendelaencina,  tras el hallazgo de síntomas  de los filones ocultos en su subsuelo por Esteban Gorriz, en años anteriores. El éxito inicial atrajo un gran número de individuos a esta localidad,  siendo así que el censo de población de 1857 arrojaba la cifra de 4.068 habitantes, no  existiendo entonces una concentración de trabajadores de tal magnitud en ningún otro punto de la provincia de Guadalajara, En 1865 trabajaban allí 613 mineros. 

      Largas jornadas laborales, métodos de explotación primitivos  en condiciones tan penosas que exigían de un sobreesfuerzo agotador, numerosos accidentes de trabajo con elevada mortalidad, así como muertes “alevosas” por disputas y peleas, sobre todo en días de cobro,  completaban un oscuro panorama para los obreros de estas minas. Los primeros trabajos de prospección del Filón Rico se pagaron con salarios de cinco reales. En 1870, el trabajo a destajo se retribuía a 2 pesetas en la mina (la jornada), mientras las mujeres y niños, trabajando en superficie de les pagaba a 0,83 y 0,93 respectivamente. Este sueldo era tan escaso que en 1889“solo les daba para una mala alimentación (...) que en gran parte solo consumen patatas cocidas y de pan de trigo y centeno”[1]

     La crisis de subsistencias de los años 1856-57 hizo que apareciera en algún periódico de Madrid la noticia de un levantamiento de los trabajadores de Hiendelaencina, “por cuestión de subsistencias, que escasean por doquiera por motivo de los temporales...”[2] En febrero de 1892  los mineros de la mina de Nueva Santa Cecilia se declararon en huelga, lo que llevaron a cabo en perfecto orden  demandando aumento de jornal. Llegado mayo y con él, el Día Internacional de los Trabajadores instituido por la II Internacional tres años antes, la guardia civil se concentró en las minas de Hiendelaencina, por el temor de la burguesía española  a  alteraciones del orden en esa fecha, en los primeros años de su celebración. El trabajo siguió desempeñándose con normalidad..

    Los obreros  de  las minas de Hiendelaencina crearon sociedades recreativas y de socorros mutuos, pero sin que sepamos el motivo, la denominada Sociedad de Trabajadores de Hiendelaencina ni tan siquiera contestó a la propuesta  del Consejo Federal de la FRE[3], cuando en enero de 1871, desde las páginas de La Solidaridad se les propuso adherirse a la I Internacional.[4] Las organizaciones obreras de clase encontrarían dificultades para organizarse en Hiendelaencina. Allí existió el modelo de colonia en boga para obreros con sus familias, como lo fue el pueblo de la Constante, construido por la empresa inglesa del mismo nombre. Sus calles rectas y limpias, su higiene, su escuela para niños, su hospital, su tienda, su iglesia (construida por los mismos trabajadores)...., contrastaban con el áspero ambiente de Hiéndelaencina . Allí no había riñas, ni desórdenes..., allí imperaba el paternalismo empresarial que trataba de imponer sus valores de obediencia y jerarquía.
 
    Iniciado el nuevo siglo el tiempo efectivo de trabajo era de diez horas y media, empleándose una hora en la comida y media en el almuerzo al no haber tiempo de subir a la superficie. Los barreneros y estibadores, trabajando en el fondo de las profundas galerías llegaban a  cobrara salarios de hasta 3,50 pts. En superficie los adultos cobraban dos pesetas y los niños entre 0,40 y 0,50 pts.

    Las condiciones de trabajo seguían siendo tan duras  que “... trabajaban a la mortecina luz de los candiles de aceite, que ellos mismos habían de aportar, con el calor de las galerías profundas de algunas minas, a 500 ó 600 m. que obligaban a actuar casi desnudos, basta el detalle sobrecogedor de que en algunos sitios se llegaba a 47 grados y se intentaba reducir, con obras especiales, a 25 y como máximo 38 grados; a lo cual debe añadirse la ventilación escasa(aunque mejoró con la nueva maquinaria) y el polvo producido por las perforadoras mecánicas. En cambio el acceso se realizaba ya en montacargas,(...); las escalas sólo se empleaban en los pocillos interiores de comunicación entre pisos.”[5] .

     Comenzada  la I Guerra Mundial, se produce la retirada del capital extranjero en las empresas titulares de las minas, que descontaban a los trabajadores el 25 por ciento de jornales y haberes, percibiendo estos con tal retraso e irregularidad, que  se vieron en la necesidad de admitir unos vales en retribución  de su trabajo, que de momento aceptaron los comerciantes de la localidad, en pago de los artículos que suministraban.

    Esta situación, que duró tres meses, llegó a su límite cuando el comercio se negó a aceptar mas vales, por lo que los trabajadores se vieron privados de conseguir sus alimentos y otros productos.

     Tal estado de cosas determinó que los mineros de las sociedades La Plata y Nueva Argentífera pararan durante dos días por exigir de las sociedades mineras el pago de trabajo en efectivo y por quincenas, y la supresión del descuento del veinticinco por ciento. La Guardia Civil se concentró en Hiendelaencina, vigilando las instalaciones mineras.62

      Por toda respuesta  las sociedades propietarias  suspendieron el trabajo en las minas, dejando solo en ellas a los celadores y al personal de desagüe.  Los vales y  los jornales se liquidaron, a los empleados de plantilla se les abonó un mes de sueldo; a los de diario una quincena, y a los transeúntes, barrenderos, etc., ocho días., por la suspensión de los trabajos sin previo aviso. La nueva situación de paro forzoso en que quedaron mas de 1000 mineros, agravada por la inexistencia en la comarca de otras alternativas de trabajo, les hizo acudir a  dos minas españolas que permanecían abiertas; La Plata y Nueva Argentífera, donde apenas podían ocuparse 300 obreros. Al grito de “todos o ninguno”, los  despedidos amenazaron con incendiar las minas si no se les proporcionaba trabajo, por lo que tuvo que intervenir la Guardia Civil, concentrada por teléfono desde Madrid.[6] Este fue prácticamente el fin de la explotación minera de Hiendelaencina. Cientos de trabajadores hubieron de abandonar el pueblo en busca de un futuro mejor.


      La prensa provincial publica en 1910 la reseña de la celebración de un mitin republicano-socialista en Hiendelaencina, en el que han intervenido un abogado llamado Quesada y otro orador socialista.[7]

     Desde 1911, en El Socialista aparecen un conjunto de notas firmadas por el socialista Indalecio Bravo, secretario de la conjunción republicano-socialista que se había creado en  Hiendelaencina, felicitando la labor parlamentaria de Pablo Iglesias.[8] Para el mismo en otros ejemplares de la misma publicación  aparece un envío cuantioso de literatura socialista,[9]  que sigue informando sobre accidentes en las minas, las condiciones de vida y trabajo  y del cierre de la mayor parte de la explotación minera en 1915 Es muy interesante  la extensa nota sobre las vicisitudes de la recogida de 647 firmas contra la guerra de Marruecos en enero de 1914 en este pueblo, donde nos describe a personajes y sus reacciones cuando les pide estampen su rubrica: “Me he tomado la molestia de ir casa por casa y puedo decirle que al llegar a algunas casas y decirles el objeto de mi visita varias mujeres lloraban, aunque estas no tenían hijos ni parientes en África (mil firmas decían echarían). Puede estar usted orgulloso de esta iniciativa tan laudable. Le aseguro que todos los vecinos están representados”[10]

    No obstante la existencia de esta agrupación política, lo cierto es que ningún  sindicato prosperó en las minas de la comarca. Así parece confirmarlo en 1912, Ramón Fernández, secretario de la Federación local de Guadalajara de UGT reconocía en 1912 que en Hiendelaencina solo tenían contactos con algunos obreros.[11]En 1917, cuando la UGT y la  CNT realizaban huelgas y manifestaciones reivindicando mejoras saláriales ante la carestía de los artículos de primera necesidad causada por la I Guerra Mundial , un antiguo director de la explotación minera de Hiendelaencina exponía con estas reveladoras palabras su “método” para impedir la implantación de los sindicatos de clase:

      “He dirigido durante mas de quince años miles de obreros en el distrito de Hiendelaencina sin una huelga. He sido durante todo ese tiempo Presidente de su Sociedad, exclusivamente obrera, de socorros mutuos; he podido observar la especial psicología de las colectividades obreras, y no tuve ni una huelga, porque desde el primer momento comprendí que el secreto consistía en evitar por todos los medios la hipócrita sugestión de la violencia de los políticos y agitadores de todas clases, Se trataba de un distrito pequeño, aislado de los centros de población, y la única condición que impuse a los obreros  para ser su Presidente y ayudarles y mejorarles en todo lo posible, fue que en absoluto, ni directa ni indirectamente, nadie, de ninguna clase ni matiz político ajeno a nuestra organización, interviniera en nuestros asuntos.”[12]



[1] Ministerio de Fomento. Dirección General de Agricultura, Industria y Comercio. Comisión Ejecutiva de Estadística Minera. Datos estadísticos correspondientes a los años 1888-90 y 1889-90 y a los años naturales de 1889 y 1890. Madrid. 1893, pág.: 396
[2] La España, 30-1-1856
[3] Federación Regional Española (FRE) era la denominación de la sección española de la I Internacional
[4] La Solidaridad, 14-1-1871, citado por Rafael Flaquer Montequí en “La clase obrera madrileña y la Primera Internacional”. Ediciones Cuadernos para el Diálogo, Madrid, 1977.
[5] López Gómez, Antonio, “El distrito minero de Hiendelaencina (Guadalajara)”, en Cuadernos de Geografía, n º 6, . pág.: 235.
62 Flores y Abejas, 20-6-1915
[6] Revista minera, núm. 2838, 1-7-1922, pág.: 374
[7] La Palanca, 4-10-1910
[8] El Socialista, 6-1-1911, 13-1-1911, 19-3-1914 y 16-6-1914
[9]                         , 2-6-1911
[10]                         , 29-1-1914
[11] La Crónica, 1-8-1912.
[12] Madrid Científico, 15-9-1917

viernes, 29 de octubre de 2010

1856-1857.CRISIS DE SUBSISTENCIAS Y CONFLICTIVIDAD SOCIAL EN LA PROVINCIA DE GUADALAJARA.

1856-1857.CRISIS DE SUBSISTENCIAS Y CONFLICTIVIDAD SOCIAL EN LA PROVINCIA DE GUADALAJARA.

Enrique Alejandre Torija

0. Introducción

0. Introducción

“Centrada la vida económica del país en torno a la agricultura tradicional, las crisis de subsistencias influían en las demás actividades económicas, en las condiciones sociales y en la coyuntura política.”[1] Con estos términos expresaba el profesor Sánchez Albornoz las circunstancias que acompañaban a uno o mas años de mala cosecha en países se economía atrasada-como lo era España entonces y lo seguiría siendo durante muchos años- donde se empleaban: “técnicas rudimentarias que exigían escasa inversión de capital y abundante empleo de mano de obra, subsistían intactas desde tiempos inmemoriales y mantenían estancados los rendimientos por par de brazos dedicados a la tierra” [2] y les hacía ser especialmente sensibles a los factores meteorológicos lo que encarecía el precio del pan y otros alimentos de primera necesidad, con el consiguiente debilitamiento de los organismos y su saldo de “aumento de defunciones, postergación de matrimonios y retracción de concepciones”[3].Los problemas de la agricultura española estaban determinados en gran medida por los resultados de las sucesivas desamortizaciones de Mendizábal y Madoz, de las que había resultado una muy desigual estructura de propiedad de la tierra y con ella un empeoramiento de las condiciones de vida de campesinos pobres y jornaleros, que al no ir acompañadas de un desarrollo industrial, hará que el excedente de mano de obra en el campo sea un freno para su mecanización. Las crisis de subsistencias, propias de la sociedad del Antiguo Régimen se mantendrán en España hasta bien entrado el siglo XX, e irán acompañadas de una gran conflictividad social. El desarrollo del intento de revolución liberal conocida como “Bienio Progresista” estará condicionado en parte por el malestar popular causado por las dificultades alimentarías de esos años, que en la provincia de Guadalajara se van a vivir intensamente.

En 1854 los deseos expansionistas de zar Nicolás I, alentados ante la perspectiva de un próximo desmembramiento del imperio turco, provocaron la guerra de Rusia contra Francia, Reino Unido y el reino de Cerdeña-Piamonte, dando pié a que el mercado europeo, surtido habitualmente por el trigo ruso, se abriera a los exportadores de grano españoles quienes obtuvieron grandes beneficios pues los precios subieron al cerrarse los puertos de Odesa y Sebastopol, por el necesario abastecimiento para los ejércitos allí destacados y, por lo desfavorable de la metereología en el Norte de Europa en ese año, tanto para los cultivos de cereal como para el tráfico marítimo. Si entre los años 1849-1852 la exportación de granos españoles fue de 431.000 Qm., desde 1853 a 1856 se elevó a 1.737 Qm.[4]

Como en 1812, 1820 y 1843, de nuevo en 1854 la burguesía española se enfrentaba a la tarea de sacar adelante la revolución democrática en el Estado Español, de la que volvió a desistir por el miedo al proletariado y los campesinos pobres, a cuyo potencial revolucionario temía mas que a la Iglesia y la vieja nobleza, bajo cuyas alas corrió a refugiarse. La nueva clase, en tanto ocupó el poder, no dio otras respuestas que no fueran represión, beneficencia y obras públicas a las reivindicaciones populares, pero hizo todo lo que pudo por sus intereses aprobando leyes económicas trascendentes para el futuro desarrollo capitalista como la ley de ferrocarriles ( 1855), las leyes bancarias o de sociedades (1856) y la de Desamortización (1855) llamada de Madoz..

Triunfantes los progresistas en la “Vicalvarada”, en Guadalajara se formó una Junta de Gobierno de la Provincia, constituida el 21 de julio de 1854, que se pronunció a favor del “orden” y la “tranquilidad pública”, y acordó que el Ayuntamiento de Guadalajara “continuara en el ejercicio de sus funciones por la confianza que le merecían todos sus individuos por su patriotismo, adhesión al pronunciamiento y demás virtudes...[5]. No era otro escenario el que deseaban los adinerados miembros de esta Junta compuesta por José M.ª Medrano (presidente); José Domingo de Udaeta, José Serrano, José Martínez, León López y Espila, Diego García, Joaquín Sancho, Casimiro López Chavarri y Cayetano de la Bruna (vocales),que ampliamente beneficiados con la compra de tierras del clero unos años atrás con la desamortización de Mendizábal, lo iban a ser ahora de nuevo con la de Madoz,[6]. En su afán de estabilidad, esto “liberales” que componían la nueva burguesía terrateniente alcarreña no va a dudar en sofocar cualquier intento de levantamiento popular que vulnere sus intereses.

1. Pan caro, trabajo escaso y epidemia

A mediados del siglo XIX Guadalajara distaba mucho de ser aquel enclave que una centuria anterior había albergado la Real Fábrica de Paños que facilitó “medios de subsistencia a innumerables familias”, como describía Pascual Madoz en su conocido Diccionario: “...,desde entonces la principal industria la constituye la agricultura; hay fábricas de jabón; alfarerías de vidriado ordinario; telares de sargas, bayetas y paños; cafés y confiterías..., y las artes mecánicas más indispensables”. En una ciudad donde la agricultura era tan importante, el paro estacional se mitigaba con las obras públicas que se impulsaban desde las instituciones, como la construcción del Parque de la Concordia por el entonces Ayuntamiento moderado de Guadalajara que en enero de 1854 reconocía:

“la necesidad apremiante de dar ocupación a muchos jornaleros que en la actualidad carecen de los medios precisos para su alimento y el de sus familias, tanto mas sensible teniendo presente la carestía del pan y otros artículos de subsistencias que hoy se experimentan en esta Ciudad,...”[7]

La causa de la elevación de los precios no era otra que la especulación, de la que se beneficiaron los propietarios agrícolas e intermediarios, iniciada ya en 1853, ante el previsible cierre de los puertos rusos, ocasionando la escasez y carestía de granos:

“Teruel. La entradas de granos que había en esta población de Sigüenza, Molina y Campo de Rillo han cesado, por llevarlos a Zaragoza; por esta razón hay tendencias al alza. (...)

Guadalajara. En la quincena que acaba de transcurrir ha adquirido algún movimiento el comercio de granos. El trigo está de 37 a 40 rs., habiendo subido 3 rs. en fanega; la cebada y el centeno han subido también dos reales y están de 14 a 15 y de 15 a 16.” [8]

La epidemia de cólera morbo que se difunde por la Península Ibérica desde 1853, será la causante de la muerte del 4% de los habitantes de la provincia de Guadalajara, afectando a muchas localidades e influyendo en el agravamiento de la crisis:

“En algunas poblaciones de la provincia de Guadalajara, no se ha podido recoger la cosecha por falta de brazos”En la capital hubo el día 10, 17 invadidos y nueve muertos. En Jadraque continuaba haciendo estragos la epidemia. En Molina y Pastrana el número de invadidos es considerable.[9]

En la capital, con unas pésimas condiciones higiénicas y sanitarias, esta enfermedad arrojará un saldo de 215 muertos entre los 531 afectados, entre el 20 de junio de 1855 y el último día de septiembre de ese mismo año.[10]

La de 1855 fue ya una mala cosecha, aunque se exportó en buena medida por los cultivadores castellanos que contaron con la aquiescencia del gobierno. El hambre y el malestar se desataron en el invierno de ese año en todo el país, siendo la provincia de Guadalajara, según una nota de la Dirección General de Estadística, una de las “que con mas intensidad sufre los efectos de la escasez”[11]

PRECIOS DEL TRIGO EN GUADALAJRA EN PESETAS Y HECTOLITROS

Años: 1856-57

Junio Julio Agosto Septiembre Octubre Noviembre Diciembre Enero Febrero Marzo Abril Mayo

22-97 27-02 28-37 30-18 33-33 --- --- ---- ---- --- --- --- ---- --- --- 39-63 40-99

Fuente: Sánchez Albornoz, Nicolás. “La crisis de subsistencias en España en el siglo XIX[12]

El Ayuntamiento de Guadalajara intenta paliar la dura crisis social que viven las clases pobres de la ciudad, atacadas por la epidemia a la que se enfrentan careciendo de los “indispensables recursos” de subsistencia, apelando a la ayuda de las “clases acomodadas del vecindario”, para lo que las convoca a una reunión que presidirá el gobernador civil.[13]

La “angustiosa situación” de la capital de la provincia es atribuida por su alcalde, al mal estado del molino harinero, averiado a causa de la reciente avenida de las aguas del río Henares. Para evitar la falta de pan, el ayuntamiento apremia a los panaderos a que se provean de harina de los molinos de los pueblos cercanos y llama a los tahoneros de Torija, Brihuega, Marchamalo y Centenera, a que acudan a vender pan sin demora a Guadalajara.

El concejo dicta medidas contra el acaparamiento, por lo que encarga a una Comisión la vigilancia de la venta; pide al gobernador que ponga a disposición del municipio agentes de policía para evitar desórdenes en la distribución del pan y prohíbe a los panaderos la venta en sus casas u otros lugares que no sean los convenidos.[14]

2. La desesperación del pueblo. Algunas tentativas de motín.

Si hemos de creer la noticia aparecida en el diario moderado La España ( 30/1/1856), a comienzos de 1856 circula en Madrid la noticia de un levantamiento de los trabajadores de Hiendelaencina, “por cuestión de subsistencias, que escasean por doquiera por motivo de los temporales...” , siendo esta la primera referencia a un estallido social en la provincia de Guadalajara causada por esta crisis. En este contexto de desabastecimiento y carestía se habían producido enfrentamientos entre los trabajadores de las minas (muchos de ellos licenciados del ejército carlista) el año anterior, y ante la sospecha de un movimiento del mismo cariz en este distrito minero el Gobierno había enviado un destacamento militar por si fuera preciso sofocarlo[15].

A mediados de mayo el general Baldomero Espartero, jefe del Gobierno progresista surgido de la revolución de 1854, visitaba Guadalajara. Autoridades civiles y militares, jefes de la Academia de Ingenieros, personalidades de la provincia, ayuntamiento, le reciben con agasajo ofreciéndole una suntuosa comida[16].

Pero la visita de tan ilustre viajero no está exenta de tensión:

A las siete de la tarde de ayer hizo su entrada en esta capital el duque de la Victoria en medio de un profundo silencio (....)

A esa hora aun no se habían calmado los ánimos exaltados con la jarana de la mañana por falta de pan y por la imprudencia de un alcalde que dijo a la multitud que tenía hambre y lo pedía a cualquier precio para alimentarse: “el que quiera trigo que vaya a mis graneros ; pero lo ha de pagar a 7 duros fanega”(...) esta multitud (se puso) a gritar frente al alojamiento del general Espartero: “muera D....[17](el alcalde que hemos aludido), muera ese judío, ese usurero, ese ladrón”. Una turba de chiquillos daba de vez en cuando vivas al héroe de la fiesta ; pero sus vivas eran ahogadas al momento por mueras a D... [18]

En El Parlamento se añade:

“Según noticias que tenemos de Guadalajara, el duque de la Victoria fue recibido en aquella capital en una forma parecida a la de las demás por donde ha transitado: revista, arcos, colgaduras, comida y discursos mas o menos oportunos, pues esto no es del mayor interés.

Lo que parece no ha dejado de serlo para aquella población, harto trabajada hoy por la miseria, es que se hayan invertido mas de 30.000 reales en esos obsequios, precisamente el día en que pululaban por las calles multitud de pobres faltos de recursos, hasta el extremo de haber insultado a alguno de los alcaldes porque no se los proporcionaban”[19]

Otros desórdenes populares se habían tenido lugar en 1855 en Madrid, Pamplona y Zaragoza (donde grupos de mujeres intentaron detener la salida de harina para la exportación que iba en barcazas por el canal de Aragón ). En el mes de junio de 1856 se producen los sucesos de Valladolid, Palencia, Medina..., donde obreros y campesinos, ante la perspectiva de la mala cosecha de ese año, demandan pan y trabajo. Las Casas Consistoriales son apedreadas, saqueadas las casas de los hacendados ricos, se incendian molinos... El ejército interviene reprimiendo a los amotinados con dureza y muchos son fusilados.

El movimiento se extiende por toda Castilla. En Guadalajara y Brihuega surgen conatos de motín en los últimos días de junio con motivo de la subida del precio de los granos[20]. También parece haberlos habido en alguna otra localidad. Pero la alteración del orden no llega a alcanzar la magnitud que ha tomado en otros puntos del reino:

“A Guadalajara la han salvado de escenas tumultuosas la presencia de la fuerza y escuela de ingenieros que allí existe. Su brigadier jefe de la misma y las autoridades, se mostraron resueltos a recibir a tiros a los que bajo cualquier pretexto alterasen el orden social. Había llegado el nuevo gobernador Sr., Benedicto, quien desde luego pensaba pasar a Sigüenza con motivo de los sucesos de esta ciudad.” [21]

Sobre los sucesos de Guadalajara se debate en el Congreso de los Diputados en sesión celebrada el 1 de julio, y en concreto sobre los de Sigüenza informa así el ministro de Fomento, Francisco Lujan[22]:

“... en Sigüenza los trabajadores de la carretera se presentaron en grupos y dando voces a las puertas de la ciudad. Acudieron las autoridades, contuvieron el tumulto, y prendieron a los que mas se marcaron en el desorden, los cuales están sujetos a la acción de los tribunales”

El diputado Diego García[23] intervino con estas palabras:

“En la provincia que tengo el honor de representar ha habido algún desorden bajo el pretexto de la subida del pan. Las autoridades y la Milicia, como el cuerpo de Ingenieros, con la mayor energía han evitado los desórdenes que pudieran haber tenido lugar. Con sentimiento he sabido esos hechos en una provincia tan pacífica como Guadalajara. En Sigüenza así mismo una turba de trabajadores, en la mañana del sábado, a primera hora, a las seis, trataron de hacer lo mismo. La energía del juez de primera instancia, del alcalde y de la Milicia Nacional pudieron contener a los amotinados. Como este desorden si se repite pusiera extenderse a otras provincias y 5 o 6.000 trabajadores pueden poner en conflicto a la autoridad, ruego al gobierno que si es posible envié una fuerza militar al pueblo de Jadraque, que está intermedio entre Guadalajara y Sigüenza, para poder contener los desórdenes. Porque señores, son puntos en los que hay que tener la mayor previsión, porque los infinitos trabajadores de las minas y carreteras[24] pudieran muy bien reproducir semejantes escenas. Ruego, pues, al Gobierno, que tome en cuenta estas indicaciones, y si es posible envíe una fuerza militar que pueda contener los desórdenes en el caso de haberlos.[25]

El ministro de fomento le contestó que había enviado alguna fuerza a Guadalajara en evitación que se repitieran los conflictos a los que había aludido el Sr. García. Precisamente un escuadrón de Húsares había partido de Alcalá de Henares para Sigüenza.[26]

Este estado de tensión se mantuvo de junio 1856 hasta el verano del año siguiente. El alcalde de Guadalajara constataba con temor:“se ha notado hoy en el publico una ligera inquietud”, probablemente refiriéndose de manera eufemística al intento de motín[27]; reconociendo un mes mas tarde que estaban “sobreexcitados los ánimos en las actuales y críticas circunstancias”[28]. El dos de octubre la Diputación Provincial se reúne con el Gobernador civil al que presenta un proyecto para solventar la cuestión de las subsistencias, “como enlazada con el orden público” y “con preferencia a toda otra atención”, como “lo justifica la miserable cosecha de ella en el presente año”.[29] Transcurrida la reunión, ambas partes adoptaron entre otras importantes medidas las siguientes: contraer inmediatamente un empréstito de un millón de reales, consignando la Diputación en su presupuesto la cantidad de ochenta mil como rédito de dicha suma para poder desde luego obtenerla la tipo que les resulte mas ventajoso; dirigirse la Diputación al Gobierno para que se dé grande impulso a las obras públicas y especialmente a la importante travesía de la carretera de Francia y Aragón; pedir al señor ministro de la Gobernación algunos recursos del fondo votado por las Cortes para calamidades públicas, y dirigirse al de Hacienda con el objeto de que deje a su disposición por un valor razonable las existencias de granos, que hay en la provincia, correspondientes al Estado y que además se digne relevar por este año a los que se dedican a la industria de panaderos y a la conducción de granos de toda clase de impuestos, incluso el de subsidio industrial; los Ayuntamientos de la provincia procederán inmediatamente a nombrar en cada pueblo una junta que se llamará de subsistencias, compuesta del alcalde, dos concejales, un cura párroco y dos mayores contribuyentes, que será auxiliada en sus operaciones por la local de beneficencia; en sus respectivas localidades, los Ayuntamientos, auxiliados de la Junta de Beneficencia y de la nuevamente creada, abrirán un suscripción voluntaria, animando los sentimientos mas humanitarios de las clases acomodadas, y dirigiéndose además a los grandes propietarios del país, aunque no residan en él; los Ayuntamientos, cabezas de partido, y el de Hiendelaencina, formaran depósitos de granos, obtenido el permiso de la Diputación, procurando hacer las compras con ventaja y fuera de la provincia para no levantar sus valores, y de estos depósitos que se aumentarán con las sumas que la Diputación destine al efecto, no se hará uso sino en caso de una necesidad apremiante y con licencia de la citada Diputación provincial.[30]

En el mes de diciembre, el nuevo alcalde impuesto por los moderados, Francisco Corrido consideraba: “ indispensable la adopción de medidas preventivas a evitar los conflictos que puedan surgir” .[31] El pan seguía encareciéndose en la primavera del año 1857, hasta llegara a los “115 r.(eales) la fanega, circunstancia harto alarmante para el vecindario,...se estaba en el caso de precaver los conflictos que puedan surgir por tal motivo” , por lo que propuso aumentar los depósitos de harina y trigo y para ello este mismo alcalde intentaba convencer al Pleno municipal de aprovechar la “favorable ocasión de tomar 200 fanegas de trigo a 110 r. ofrecidas por D. Gregorio García y 100 arrobas de harina por D. Martín de Lara a 33 r.”[32].

De la crítica situación de carestía que atravesaba Guadalajara en esos momentos se beneficiaban algunos de sus prohombres, como era el caso del entonces diputado Diego García, uno de los compradores mas beneficiados por la Desamortización de Mendizábal en la provincia en la que obtuvo una extensión total de tierras de 159. 827,1 Has por 229.481 reales, al que cabe suponérsele capacidad sobrada de almacenar trigo para sacarlo al mercado “ a un precio módico”[33] , en el momento oportuno.

Los ánimos finalmente se desbordaron con ocasión de una corrida de toros celebrada en la Plaza mayor de Guadalajara el 16 de septiembre de 1857. Como es sabido, las celebraciones populares eran -y son- un buen reflejo del estado de la sociedad:

“(...) Parece que algunos malévolos, tomando por pretexto que los toreros no llenaban sus deberes, pasaron con ellos a vías de hecho, y se armó al fin un gran desorden en la plaza acompañado de golpes y pedradas.

Los alumnos de ingenieros, que ocupaban uno de los palcos, y la escasa fuerza de la guardia civil que se encontraba allí hicieron lo posible por contener el tumulto, pero no les fue dado impedir que saliesen heridos dos de los toreros, ni evitar las contusiones de las piedras y palos que algunos de los guardias refirieron, y que pusieron en peligro la vida del oficial de ingenieros don Vicente Garin, que acudió con alguna fuerza contener el desorden.

Los alborotadores, cuyas armas eran palos, navajas y piedras, llegaron hasta el extremo de acometer el palco del ayuntamiento.

La tranquilidad pudo restablecerse al fin sin mayores desgracias.”[34]

Posteriormente se abrió causa sobre algunos de los participantes en el motín:

“Los presos ascienden a 30, y se cree que muchos de ellos pertenecen a la clase obrera. Algunos de los heridos están mal, un oficial de ingenieros tiene rota la clavícula de resultas de una pedrada y se teme por la vida de algunos otros, particularmente de un Guardia civil, a quien dieron una pedrada en el pecho. ”[35]

3. Reivindicaciones saláriales en los Ayuntamientos y... en el campo.

La situación de penuria se hizo insostenible para las familias dependientes de un salario. Las actas conservadas de los años en que se desenvuelve esta crisis en los ayuntamientos de Guadalajara y Sigüenza recogen peticiones de empleados municipales, como la de Tomás Rodrigo, portero de la Corporación de la ciudad episcopal, quién con fecha de 7 de julio de 1856, solicitaba aumento de sueldo “en la cantidad que sea de su superior agrado”, que le concede un aumento de un real diario, “ínterin duren las circunstancias de carestía de artículos de primera necesidad y lo permita el estado de los fondos municipales”. Igualmente, el 28 de noviembre de ese año “suplican” a la misma los guardas de puertas “aumentar el salario lo que crea justo”, porque “en a tan subido precio se venden todos los comestibles, apenas tienen lo suficiente con los cuatro reales para dar pan a sus hijos” [36]

En este mismo mes la Comisión de Subsistencias de Sigüenza pidió al gobernador de la provincia autorización “para hacer uso de la cuarta parte del reintegro del trigo del Pósito..., caso de necesidad con objeto de prevenir la carestía de cereales y atender al socorro de familias menesterosas...” y “dar un impulso a las obras del ensanche de la carretera de Almadrones a esta Ciudad en cuyos trabajos podrían emplearse muchos braceros que carecen de jornales:...” . Anteriormente, el 7 de julio, el concejo seguntino había acordado, “manifestar su gratitud y reconocimiento...” al “Señor D. León Genaro, Juez en primera instancia del Partido” quien “en la mañana del veintiocho de junio último, en ocasión de haberse presentado en las inmediaciones de esta ciudad y sitio de Sta. Bárbara más de cien trabajadores de la carretera con intención de penetrar en la Población y alterar la tranquilidad pública, á pretexto de la carestía del pan, personándose en cuanto tuvo noticia del suceso en medio de aquella turba” a la que contuvo advirtiéndola enérgicamente “librando a la Ciudad de un grave conflicto”[37]

Al Ayuntamiento de Guadalajara llegan las solicitudes de aumento retributivo de alguaciles, serenos, guardas de campo, guarda de montes, guarda encargado del depósito de la carne..., con resultados desiguales en cuanto a la receptividad de éste, siendo atendidas las peticiónes de los alguaciles en febrero de 1856 con aumento de un real diario, “en tanto se moderan los precios de los artículos de primera necesidad”[38] ; la de los serenos a costa del “descuento de medio real que sufren para gastos de entretenimiento del vestuario”[39] y de nuevo a los alguaciles, pasado un año, “con un real mas diario a cada uno”[40].

Pero en la localidad de Durón perteneciente la Alcarria, “país de costumbres morigeradas, y aun respetuosas,” iban a producirse un “extraño y nuevo suceso”:

“Durón 30 de junio.

Hace algunos días que varios propietarios de esta villa recibieron anónimos amenazándoles si no aumentaban los jornales; como (...), jamás se habían notado tendencias de tal género, no hicieron aquellos aprecio de los anónimos, que nunca creyeron fuesen de los mismos trabajadores; pero bien pronto los sucesos vinieron a demostrar lo contrario, también la triste verdad de que las nocivas doctrinas que desgraciadamente y con tanta profusión se predican desde el glorioso de julio de 1854, germinan más de lo que se cree, y han llegado ya hasta estos rincones, en que con tanto respeto guardábanse ya las rancias costumbres.

A los diez o doce días de los anónimos se presentaron en el tajo de un propietario 17 trabajadores, y a media tarde y encontrándose presente aquel le dijeron que se retiraban porque no querían trabajar mas, pero que habían de cobrar el jornal por completo: á las reflexiones del propietario (...) cedieron algunos, pero ocho insistieron con tenacidad hasta el punto de verse aquel en la necesidad de acceder y ofrecerles el jornal por completo.

Se retiraron los ocho satisfechos ya; pero al poco momento se volvieron exasperados, según decían, de que los demás compañeros habían faltado a su palabra, y con amenazadoras voces les invitaron a que dejasen el trabajo y los siguieran: más viendo que no lo efectuaban, empezaron a apalearlos con los mismos instrumentos de labor.

Al ver el propietario aquella campal batalla, sin que sus ruegos sirvieran a contenerlos, corrió al pueblo, dio cuenta al alcalde, é instantáneamente este, acompañado de varios vecinos y entre ellos de un oficial de la Milicia, fue al sitio en que aún se encontraban golpeándose los trabajadores.

Afortunadamente la hacienda no estaba lejos del pueblo y el auxilio no fue tarde, debiéndose a ello el que no hubiese desgracias que lamentar. El alcalde dispuso que el propietario designase los que habían sido agresores, los hizo retirar, y los castigó luego con que pagasen cada uno dos reales de multa en papel (...)”[41]

4. La construcción del ferrocarril: una salida transitoria a la crisis secular

En el mes de marzo de 1856 se recibe en Guadalajara la noticia de la construcción del ferrocarril Madrid-Sigüenza-Calatayud-Zaragoza, que pasará por la ciudad. La noticia es recibida con júbilo en la calle y en los salones. Una comisión de diputados provinciales y nacionales de la provincia acude a cumplimentar a los representantes de la Compañía francesa Grand Central de France, cuya presidencia la ostentaba el conde de Morny, y de la que formaban parte así mismo el conde de Le Hon, Chatelin y de la Haute.[42]

Las obras de la línea férrea contribuirán a aliviar el excedente de mano de obra jornalera ante la imposibilidad de ser absorbida en las faenas de la recolección por el mal año agrícola que se avecinaba:

Dos mil (hombres) van a trabajar en la sección desde Madrid a Guadalajara[43]

En el verano de ese mismo año desde el pueblo de Quer se informaba del “...estado de miseria en que se hallaba aquella provincia, merced a las revueltas políticas y a la escasez de subsistencias que de algún tiempo a esta parte se nota en los pueblos mas ricos y fértiles de aquella comarca. La falta de ocupación en la clase jornalera es otro de los males que contribuyen a hacer mas triste la situación de aquellos pueblos que no tienen mas esperanza que la de que el Gobierno active los trabajos del ferrocarril de Zaragoza.”[44]

Y cuando llega el duro invierno de 1856-57:

“En el ferrocarril de Zaragoza, y en la sección de Guadalajara a Yunquera, han empezado los trabajos con gran calor : han puesto cuarenta hombres de una vez, con cuyos auxilios pronto veremos concluida tan importante vía.

El Gran Central, que es la sociedad que tiene a cargo aquella línea, nos da con ello una prueba de ka decisión con que emprende sus obras. La multitud de jornaleros que se quedan sin trabajo, y por consiguiente sin pan que dar a sus hijos, no hay duda en que se mostrará muy agradecida á tan gigantescos esfuerzos; siendo así que ya había alimentado esperanzas de verse empleada en su mayor parte durante un invierno tan calamitoso como el presente.”[45] El salario era de siete reales por día trabajado.[46]

El empleo en la construcción del ferrocarril significo una salida temporal al problema del paro agrícola estacional en Guadalajara, durante los años que duró su construcción. La estación de Guadalajara se inauguró en 1859 y la de Sigüenza en 1860. El cese de los trabajos del tendido ferroviario en España a mediados de la década de los sesenta y la mala cosecha de 1867, iban a constituir la base material para la crisis política siguiente, la de 1868.



[1] Sánchez Albornoz, Claudio: “España hace un siglo: una economía dual” . Madrid. Alianza Universidad. 1977. Pág.: 15.

[2] Ops. Cit. Pág.: 14

[3] .: 55

[4] Nadal, J.: El fracaso de la revolución industrial en España, 1814-1913, Barcelona. Ariel. 1975. Pág.: 69. nota 48.

[5] AMGU. Libro de Actas 1854-1855. Pleno Municipal de 21 de Julio de 1854.

[6] Para comprobar el importe de las adquisiciones de tierras, molinos, fraguas..., efectuadas por los miembros de esta Junta de Gobierno en las desamortizaciones ver: López Puerta, Luis; “La desamortización eclesiástica de Mendizábal en la Provincia de Guadalajara (1836-1851)”. Guadalajara. Excma. Diputación Provincial. 1989, y González Marco, Félix, “La Desamortización de Madoz en la provincia de Guadalajara. (1855-1896)”. Caja Guadalajara. Guadalajara.2009.

[7] AMGU. Actas del Pleno Municipal del Ayuntamiento de Guadalajara celebrado el 1/1/1854.

[8] Revista mensual de agricultura, 28/II/1854.

[9] La España, 15/8/1855

[10] García Ballesteros, A.: “Geografía Urbana de Guadalajara”. Madrid. Fundación Universitaria Española. 1978. Pág.: 200.

[11] , 28/1/1855

[12] Sánchez Albornoz, Nicolás, “La crisis de subsistencias en España en el siglo XIX” Instituto de Investigaciones Históricas. Rosario (Argentina). 1963. Pág::

[13] AMGU. Actas del Pleno Municipal del Pleno de Guadalajara celebrado el 25/8/1855

[14] . “ 29/11/1855

[15] El Clamor Público, 31-5-1855, La Iberia, 9-6-1855. Diario de Sesiones de las Cortes Constituyentes. Tomo VI N º 170 Sesión de 2 de junio de 1855. Pág.: 5342. Madrid. Imprenta y fundición de la viuda e hijos de J. A. García. Calle de Campomanes, n º 6, 1881.

[16] La comida fue costeada entre el Ayuntamiento capitalino y la Diputación de la provincia: “cuyos gastos se entiendan por mitad a cargo de los fondos de ambas corporaciones AMGU. Actas pleno municipal del Ayuntamiento de Guadalajara, 11/5/1856-57.

[17] Era alcalde de Guadalajara en esos días José Martínez Ramos

[18] Corresponsal de El León Español en Guadalajara. Publicado en El Balear, 28-5-1856. La noticia de los incidentes de Guadalajara a la llegada de Espartero aparece también en El Padre Cobos, 25-5-1856 y de nuevo en El Balear, 2-6-1856.

[19] El texto está tomado de La Esperanza, 19/5/1856, trascrito de El Parlamento

[20] La Época, 27/6/1856

[21] , 2-7-1856

[22] Francisco Luján Madrid, 1798-1867. Militar del arma de artillería, llegó a alcanzar el grado de general. Introducido en política fue diputado y ministro de Fomento en el gobierno presidido por Espartero (1854), volviendo a serlo en 1856 y en 1863 como partidario de la Unión Liberal. militar en el Cuerpo de Artillería y llegó a ser general del mismo. Dedicado a la política, fue diputado y más tarde ministro de Fomento en el gobiemo presidido por Espartero (1854).Volvió a desempeñar la misma cartera en 1856 y en 1863 como afecto a la Unión Liberal.

[23] Diego García. Guadalajara. 1813-1898. Personalidad política destacada durante el siglo XIX en Guadalajara, perteneciente a la élite liberal de la provincia. Alcalde de Guadalajara en 1843; administrador de la Hacienda Pública en 1854, diputado progresista en 1856, miembro de la Junta de Gobierno de Guadalajara en la revolución de septiembre de 1868, diputado en las Cortes constituyentes y senador, son algunos de los cargos que desempeñó a lo largo de su vida.

[24] En la Ley de Presupuestos Generales para 1856 se establecía : “De la suma consignada para el servicio extraordinario de obras públicas, se destinará en 1856 para las carreteras desde Almadrones a Sigüenza y de Guadalajara a Cuenca por el Real Sitio de la Isabela, los fondos que sean necesarios para su conclusión. Art. 37. Sección 13.4 M º de Fomento.”

[25] Diario de Sesiones de las Cortes Constituyentes. Tomo XVII N. º 421. Sesión de 1 de julio de 1856. Pág.: 14899. Madrid. Imprenta y fundición de la viuda e hijos de J. A. García. Calle de Campomanes, n º 6, 1881.

[26] La España, 4/7/1856.

[27] AMGU Libro de Actas de Plenos Municipales del Ayuntamiento de Guadalajara, años 1856-57. sesión de 26 de junio de 1856.

[28] Ibídem, sesión de 30/7/1856.

[29]BOPGU, 29/9/1856

[30] , 6/10/1856

[31] AMGU. Libro de Actas de Plenos Municipales del Ayuntamiento de Guadalajara. Años 1856-57 Sesión de 3/12/1856

[32] Ibídem, sesión de 6/5/1857

[33] Ibídem, 6/5/57

[34] La España, 20/9/1856

[35] El Clamor Público, 30/9/1856.

[36] Archivo Municipal de Sigüenza. Libro de Actas de Plenos Municipales del año 1856

[37] Ibídem.

[38] AMGU. Libro de Actas de Plenos Municipales del Ayuntamiento de Guadalajara. Pleno Municipal de 2/7/1856

[39] Ibídem, 13/9/1856

[40] , 6/5/1857

[41] La España, 3/7/1856, trascrito de El León Español. Los mismo hechos se narran o se hace referencia a ellos en El Clamor Público, 4/7/1856 y La Esperanza, 3/7/1856, que dice reproducirlos de EL Sur.

[42] La Eapaña, 15/3/1856. Sobre esta Compañía ver: Núñez de Arenas, M; Tuñon de Lara, M., H.ª del movimiento obrero español. Nova Terra. Barcelona. 1979.Pág.: 17.

[43] La Ëpoca, 15/3/1856

[44] El Clamor Público, 3/8/1856.

[45] La Iberia, 17/12/1856

[46] La Época, 29/4/1857